pepa´s tumbao

Para muchísimos de nosotros, individuos modernos y postmodernos, embarcarse en un viaje espiritual ha significado no otra cosa sino un capítulo más del drama de nuestro desarrollo personal. Desde cierto punto de vista esto podría ser considerado como otra expresión de la tendencia de nuestra cultura al narcisismo, una espiritualidad centrada demasiado en nuestras esperanzas y temores, triunfos y errores. Pero no es culpa nuestra que tendamos a verlo así. Desde el momento en que vinimos al mundo a muchos de nosotros se nos ha enseñado a creer que la vida trata de uno mismo. Piensa un momento: ¿te dijeron alguna vez tus padres o maestros que eras una pequeña parte de un continuum evolutivo? ¿Te han animado a sentirte responsable del futuro de este proceso? ¿a ver cada una de tus acciones y opciones en un contexto no otra cosa sino cósmico? ¿Creciste con un sentido moral que te impele a convertir nuestro mundo en un lugar mejor o, -aún más audaz- que te empuja a ser quien dé el siguiente paso evolutivo por todos nosotros? Si no es así, se puede entender perfectamente que, como tantos de nosotros, te has acostumbrado a relacionarte con el mundo en primera instancia a través de la lente de tus propias necesidades personales, deseos, esperanzas y sueños. Y se entiende en este contexto que incluso tus aspiraciones espirituales constituyan una cuestión personal fundamentalmente. Porque esto es lo que nos han enseñado; esa es la visión del mundo que nuestra cultura individualista ha creado en nosotros.

Cuando despiertas a la verdad de que tu experiencia humana cognitiva y consciente, tu presencia personal aquí en este pequeño planeta, es parte de un proceso infinitamente mayor de lo que imaginaste alguna vez, puede que experimentes una sensación incómoda y quizás desconocida que te agita por dentro: un sentido de obligación.

(mi translation), de andrew cohen

blog comments powered by Disqus